Biografía Visual

2020. México

Es un año complejo, entre la pandemia y las múltiples tensiones familiares. Difícil. Estas tomas son en mi casa de Huitzilac, Morelos. A pesar de todo el viento en contra, hay que mantener la calma y mirar adelante sin desfallecer. Ya vendrán tiempos mejores.

2020. México

Es un año complejo, entre la pandemia y las múltiples tensiones familiares. Difícil. Estas tomas son en mi casa de Huitzilac, Morelos. A pesar de todo el viento en contra, hay que mantener la calma y mirar adelante sin desfallecer. Ya vendrán tiempos mejores.

2020. México

Es un año complejo, entre la pandemia y las múltiples tensiones familiares. Difícil. Estas tomas son en mi casa de Huitzilac, Morelos. A pesar de todo el viento en contra, hay que mantener la calma y mirar adelante sin desfallecer. Ya vendrán tiempos mejores.

2020. París

La foto no me termina de convencer, pero es un retrato muy fiel. Estoy con mi bicicleta, en el patio interior del edificio haussmaniano donde vivo. En París pude desempolvar mi práctica ciclista, el mejor juguete de mi infancia, y convertir la bicicleta en mi medio de transporte oficial -ya no tomaba metro-, el mejor entretenimiento y la estrategia más eficiente para el cuidado de la salud. Me queda una certeza: ya no me desprenderé más de la bici.

2020. París

Fue una suerte poder vivir en un departamento típicamente parisino. El pequeño balcón daba, a la izquierda a una avenida tradicional, y a la derecha al Sagrado Corazón que iluminado en la noche era místico. Fueron años maravillosos.

2019. París

Adopto el café “Le progrès” -vaya título para un sociólogo- en pleno Montmartre y a unas cuadras de mi casa, como lugar para trabajar. Paso horas antes de que me boten los dueños para recibir comensales. Es mi nuevo escritorio en el mejor escenario, entre el café y las letras.

2018. París

Un día de trabajo en la biblioteca de la Universidad Descartes, en pleno corazón del Distrito V, viene un colega querido y me muestra esta escultura de Durkheim. Su historia es larga e intensa, y ahí estoy yo, en el corazón de la sociología francesa.

2018. París

Llega el viaje a París. Es una mezcla extraña, entre el éxito profesional por las cátedras que me otorgan, y el sentimiento de salir de México por un autoexilio luego de vivir tanta violencia en carne propia. Es una era de descubrimiento, de crecer, compartir, aprender y enseñar con igual intensidad. Nos toca vivir en el departamento de una amiga universitaria también, aquí estoy en medio de su biblioteca.

2018. Oaxaca

Luego de los difíciles días del 2017, y poco antes del viaje a París, hacemos un viaje a Oaxaca, acaso uno de los lugares más bellos de México por donde se le mire. La foto es en un centro cultural fundado por Toledo, maravilloso. Siempre que estoy fuera de México pienso de manera recurrente en dos lugares, Oaxaca y Guanajuato, en ambos hubiera podido construir mi vida.

2016. La Paz

En uno de los viajes a La Paz, voy a uno de los lugares tradicionales para tomarse fotos frente al Illimani (hoy vista desaparecida, construyeron una casa). Me siento acogido por el achachila, protegido, acompañado. Estoy en casa.

2016. La Paz

En uno de los viajes a La Paz, voy a uno de los lugares tradicionales para tomarse fotos frente al Illimani (hoy vista desaparecida, construyeron una casa). Me siento acogido por el achachila, protegido, acompañado. Estoy en casa.

2015. Ciudad de México

Un día me invitan a Bellas Artes para la premiación de unos colegas académicos. Tengo que “vestirme bien”. Voy a una tienda a convertir este sociólogo en un “caballero” de traje y corbata. Estoy listo para la foto.

2013-2014 Nueva York

Aquel año llegó el primer sabático, una de las mejores cosas de la vida universitaria. Decido ir a Nueva York, a Columbia University. La experiencia es fabulosa. Los azares del destino hacen que vivamos en la 125 Street, en el corazón de Harlem. Descubro nuevas cosas, me atrevo a juntar sociología y narrativa. Empiezo a crear una nueva identidad profesional: soy un “sociólogo vagabundo”, un investigador que escribe, o un “científico narrador de historias”. Es, qué duda cabe, una inflexión que se verá reflejada en los próximos años.

2013-2014 Nueva York

Aquel año llegó el primer sabático, una de las mejores cosas de la vida universitaria. Decido ir a Nueva York, a Columbia University. La experiencia es fabulosa. Los azares del destino hacen que vivamos en la 125 Street, en el corazón de Harlem. Descubro nuevas cosas, me atrevo a juntar sociología y narrativa. Empiezo a crear una nueva identidad profesional: soy un “sociólogo vagabundo”, un investigador que escribe, o un “científico narrador de historias”. Es, qué duda cabe, una inflexión que se verá reflejada en los próximos años.

2013-2014 Nueva York

Aquel año llegó el primer sabático, una de las mejores cosas de la vida universitaria. Decido ir a Nueva York, a Columbia University. La experiencia es fabulosa. Los azares del destino hacen que vivamos en la 125 Street, en el corazón de Harlem. Descubro nuevas cosas, me atrevo a juntar sociología y narrativa. Empiezo a crear una nueva identidad profesional: soy un “sociólogo vagabundo”, un investigador que escribe, o un “científico narrador de historias”. Es, qué duda cabe, una inflexión que se verá reflejada en los próximos años.

México D.F. 2009

No sé quién tomó esta foto, pero me encanta porque muestra el entusiasmo de la palabra y las ideas.  En verdad es un festejo.

Es uno de los tres coloquios que organicé entre el 2009 y el 2011, en el IIS por supuesto.  Fue una deliciosa temporada acompañado por Guy Bajoit y amigos de varios lados. 

La individuación, los desafíos de la teoría sociológica, la sociedad actual y sus dilemas, son las discusiones que nos convocan a la mesa

México D.F. 2009

Técnicamente la foto no me gusta mucho, pero cuenta algo muy especial.  Años antes, cuando todavía vivía en Guanajuato, pasamos con mi familia por el Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM a comprar un libro de Gilberto Giménez.  En la puerta sólo atiné a decir: “este es el lugar donde me gustaría trabajar”. 

La vida dio vueltas, y aquí me encuentro ya de investigador, “titular y definitivo” como la normatividad lo califica.  Una búsqueda ha terminado, de aquí para el frente todo llevará ese sello.

2008. Ciudad de México

El “Espacio escultórico”. Lugar de tantas cosas, ahora está a unas cuadras de mi oficina. La UNAM es mi espacio, de trabajo, de vida. Desde ahí tejo ideas y proyectos.

2008. Ciudad de México

Estamos con Anahí en la Ciudad Universitaria luego de un día de campo. Su ternura es desbordante. Sus manitas, su carita apoyada en mí. Con mis hijas supe que no habría nada más pleno, nada más hermoso que gozar de su presencia. Sin duda, son lo mejor que he hecho en mi paso por el planeta.

2005. México

Cuando nació mi primera hija, Canela, se me abrió un horizonte completamente distinto en la vida. Nada sería igual. Aquí estamos los dos, después de bañarnos. Chascosos, con el cabello mojado. Me encanta su mirada.

Guanajuato. 2004

Al final del primer curso que di en la Universidad de Guanajuato, una estudiante me regala este dibujo, habrá sido a finales del 2004.  Me retrata con finura.  Es un seminario inolvidable, empiezo mi vida en México, con el entusiasmo de un joven sociólogo que enseña.  A esa clase le tengo un cariño especial, fue la primera vez que me puse como tarea enseñar sociología, transmitir un oficio a estudiantes de primer año. 

Quizás fue el intercambio pedagógico más fresco y rico que jamás haya tenido.  Me debo un libro al respecto.

La Paz. 2004

Me encanta esta imagen, muestra la frescura de un nuevo nacimiento.  Estoy en el sillón que tanto había deseado por años y que por fin lo puedo disfrutar; el fondo es una pared naranja que pintamos en el departamento recién comprado.  La remodelación fue obra íntegramente nuestra.  Es la Avenida Arce en La Paz, desde ese cómodo refugio se ve cómo el sol se esconde en la montaña del fondo.  Miro hacia delante, en pareja.  Cathia me mira, y me habita.

Cochabamba. 2003

Es un cambio de época. Se siente en el rostro.

La Paz. 2002

Es una foto especial.  Representa mi relación con la ciudad de La Paz.  Desde niño jugué en los cerros y ríos cerca de mi casa. Los paceños estamos forjados por las montañas, somos parte de ellas.

Sapaqui. 2001

Es una foto que me gusta porque representa una búsqueda.  Es en Sapaqui, en las ruinas de la casa que fuera de mi abuela, donde vivió cuando recién se casó.  Entonces era una hacienda donde se hacían vinos; mi abuelo, a quien no conocí, ahí fue exiliado en los cuarenta del siglo pasado. 

La casa se cae, sólo quedan los relatos de mi abuela que sostienen la memoria.  Es una exploración, hacia atrás y delante; hacia fuera y dentro.  Un detalle inolvidable: la foto la tomó Omar.  Cuate, cuate.

Lovaina. 2001

Lovaina, mayo 2001.  Ya me siento sociólogo, desde ahí miro y pienso.  Es la primera vez que me hago crecer la barba, otra vez el cuerpo por delante.  Es un punto de llegada. 

Decía Bourdieu que terminando la tesis empieza la carrera.  Así lo vivo.  Con paz y seguridad.  La palabra y el proyecto ahora se construyen de otra manera.

Ottignie. 2001

Las estaciones de tren siempre traen imágenes.  Viaje, partida, movimiento.  Estoy a punto de volver a Bolivia, luego de varios años de aprendizaje en Bélgica. 

El viento, el frío, el ambiente.  Algo concluye, algo se prepara a nacer.

Paris. 2000

Desde hace años que tengo esta foto colgada en mi escritorio, al lado de mi título de doctorado.  Es un café en París, al frente de l’Ecole de Hautes Etudes en Sciencies Sociales.  La compañía no podía ser más deslumbrante: Pierre Bourdieu y Michael Lowy.  Es a unos minutos de haber dado una conferencia en el curso del primero, en una invitación iniciática.

Lovaina. 1997

Es un tiempo de travesuras, de mirar fresco, de atreverse a algunos excesos.  Es un tiempo de aprender.

Lovaina. 1997

Lovaina, empezando doctorado.  Seguramente un domingo, entre la eucaristía de Francois Houtart, las lecturas de Guy Bajoit y los cursos de Jean Pierre Hiernaux.  Entre la sociología y la fe, convirtiéndome en sociólogo.

 

1995. Madrid

Veinticinco años antes, ahí, en el Sanatorio de la Milagrosa, en Madrid, yo nacía.  Mi madre me contó que le vinieron los dolores del parto un dos de febrero de 1970 a medio día y mi padre la llevó en brazos a la clínica. Al verme dijo: “ya me puedo morir tranquilo, este es el día más feliz de mi vida”. 

A los pocos meses dejamos España.  Sólo volví a encontrarme con ese espacio dos décadas y media más tarde.  Por supuesto que recordé las palabras y sentimientos de mis padres.  No pude evitar lagrimear.

La Paz. 1994

Es en La Paz.  Me acogen los ladrillos que me acompañaron en la infancia, en el jardín donde viví tanto.  Es momento de expresar con el cuerpo, con el pelo, los aretes, los lentes.  En Janis Joplin me refugio

Oaxaca. 1992

Me deslumbra esa sencillez inocente.  La camisa larga, tanto como el cabello que escondo en la espalda.  Delgado, protegido entre columnas oaxaqueñas; inconcluso como ellas.

México DF. 1992

México a inicios de los 90.  Me acompañan los 22 años vividos, de los cuales los dos últimos han sido de lo más intensos.  Ya decía Brel que hasta los veinte se vive todo lo que se puede vivir, lo demás será una reedición. 

Agarro mi cámara, temprana compañera que me mira y me hace mirar.  No sé lo que me espera, pero el espíritu se me mueve.  Las ideas y las pasiones son las que guían mis pasos.  Algo me dice que habrá mucho por recorrer.